

¿Duermes pero no descansas? Antes de resignarte a despertar cansado, revisa tu rutina. Estos cambios pueden ayudarte a ordenar tu higiene del sueño y crear mejores condiciones para descansar
¿Duermes pero no descansas? Si pasas siete u ocho horas en la cama y aun así despiertas cansado, quizá sea momento de mirar más allá del número de horas. Desde el café que tomas por la tarde hasta el último reel que ves antes de cerrar los ojos, algunos hábitos cotidianos pueden estar interfiriendo con la calidad de tu sueño.
La buena noticia es que mejorar tu descanso no necesariamente requiere comprar un colchón nuevo, utilizar aplicaciones especiales o construir una rutina nocturna imposible de mantener.
Puedes comenzar por ordenar tu higiene del sueño. Este concepto reúne hábitos y condiciones que ayudan a crear un ambiente más favorable para dormir: horarios relativamente constantes, un dormitorio cómodo, una rutina para desconectarte y algunas decisiones durante el día que pueden influir en lo que ocurre por la noche.
Si no sabes por dónde empezar, aquí tienes una guía práctica.
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Si cada día te levantas a una hora completamente diferente, comenzar por la mañana puede resultar más sencillo que intentar obligarte a dormir exactamente a determinada hora.
Procura despertar aproximadamente a la misma hora todos los días, incluso durante los fines de semana.
El National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) recomienda mantener horarios regulares para acostarse y levantarse y procurar que la diferencia entre los días laborales y el fin de semana no sea mayor a aproximadamente una hora.
Elige una hora de despertar que realmente puedas mantener la mayoría de los días y calcula hacia atrás el tiempo suficiente para dormir.
Si necesitas levantarte a las 7:00 de la mañana, por ejemplo, no tiene mucho sentido comenzar una serie nueva a medianoche.
Estamos acostumbrados a utilizar una alarma para despertar, pero también puede servir para recordarnos que llegó el momento de comenzar a cerrar el día.
Programa un aviso entre 30 y 60 minutos antes de la hora en la que planeas acostarte. No significa que debas dormirte inmediatamente.
Utiliza ese momento para comenzar a bajar el ritmo: termina pendientes, prepara lo necesario para el día siguiente, cambia la iluminación y deja las actividades más estimulantes.
El objetivo es evitar que la hora de dormir llegue mientras todavía estás trabajando, contestando mensajes o viendo “un video más”.
“Cinco minutos más” fácilmente pueden convertirse en media hora de reels.
Si el teléfono es lo último que miras por la noche y lo primero que buscas al despertar, prueba establecer cierta distancia.
No necesitas prohibirte toda la tecnología. La meta es dejar de asociar la cama con una sesión interminable de scroll.
No solamente importa cuántas tazas consumes, también importa cuándo. La cafeína puede permanecer haciendo efecto durante varias horas. El NHLBI señala que sus efectos pueden durar hasta ocho horas.
Si tienes dificultades para conciliar el sueño, haz un pequeño experimento: mueve tu último café hacia una hora más temprana durante varios días y observa si notas cambios.
Recuerda que la cafeína también puede estar presente en té, bebidas energéticas, algunos refrescos y chocolate.
Esta noche, antes de acostarte, mira tu habitación como si fuera la primera vez que entras.
Pregúntate:
No necesitas remodelar todo.
Cortinas que reduzcan la entrada de luz, una iluminación más tenue durante la noche, mantener el espacio ordenado o ajustar la temperatura pueden contribuir a crear un ambiente más agradable para descansar.
La recomendación general es procurar un dormitorio tranquilo, oscuro y con una temperatura confortable.
No necesitas meditar 40 minutos, preparar un té especial, escribir tres páginas en un diario y realizar una rutina de skincare de diez pasos para dormir bien.
Tu rutina puede durar apenas algunos minutos.
Por ejemplo:
Los horarios son únicamente un ejemplo. Lo importante es encontrar una secuencia que se adapte a tu vida y puedas repetir con regularidad.
Responder el último correo desde la cama puede parecer práctico, pero también hace más difícil separar mentalmente el espacio de trabajo del espacio de descanso. Si haces home office, intenta cerrar la jornada antes de entrar a la cama.
Guarda la computadora, anota los pendientes que quedaron para mañana y evita utilizar el dormitorio como oficina siempre que tus circunstancias lo permitan.
Una lista breve con lo que debes hacer al día siguiente también puede ayudarte a sacar algunos pendientes de la cabeza antes de dormir.
Una comida demasiado abundante justo antes de acostarte puede hacer que la noche sea menos cómoda. Procura dejar cierto margen entre una cena pesada y el momento de ir a la cama.
También puedes observar cómo respondes a ciertos alimentos y moderar la cantidad de líquidos durante las últimas horas si levantarte constantemente al baño está interrumpiendo tu descanso.
La intención no es acostarte con hambre. Se trata de evitar que la última hora del día se convierta también en el momento de la cena más abundante.
Una copa puede producir somnolencia y hacerte sentir que concilias el sueño más rápidamente, eso no significa necesariamente que estés descansando mejor. El alcohol puede favorecer un sueño más ligero y despertares durante la noche.
Si notas que después de beber te duermes rápido pero despiertas varias veces o amaneces agotado, considera reducir su consumo cerca de la hora de acostarte y observa cómo cambia tu descanso.
Una mala noche puede hacer que el sillón resulte irresistible después de comer. El problema aparece cuando una siesta larga o demasiado tarde termina quitándote el sueño por la noche.
Si tienes dificultades para conciliar el sueño nocturno, procura que las siestas sean tempranas y breves.
El NHLBI utiliza como referencia para adultos una duración máxima cercana a los 20 minutos cuando las siestas están interfiriendo con el descanso nocturno.
Tu rutina para dormir también comienza cuando todavía estás despierto. La actividad física regular y pasar tiempo al aire libre forman parte de los hábitos recomendados para favorecer un descanso saludable.
Busca una actividad que puedas mantener: caminar, correr, andar en bicicleta, ir al gimnasio o simplemente incorporar más movimiento a tus actividades cotidianas.
No tienes que convertirte en atleta para empezar a cuidar tu sueño.
Son las 12:30, después la 1:00 y luego la 1:17. Y comienzas a calcular cuántas horas quedan antes de que suene la alarma. Esa preocupación puede aumentar la frustración.
Si llevas un rato sin poder dormir, evita quedarte mirando constantemente el reloj. Levántate, realiza una actividad tranquila con poca luz y vuelve a la cama cuando aparezca nuevamente el sueño.
Este principio forma parte de las estrategias de control de estímulos utilizadas para tratar el insomnio: buscar que la cama vuelva a asociarse principalmente con dormir.
Cambiar tu rutina un martes y esperar despertar completamente renovado el miércoles puede llevarte a abandonar demasiado pronto.
Dale tiempo, elige dos o tres cambios y mantenlos durante varios días. Por ejemplo:
Esta semana voy a:
Si dices “duermo mucho, pero siempre estoy cansado”, registra lo que realmente ocurre.
Durante siete días anota:
Quizá descubras que duermes peor los días que tomas café más tarde, que tus horarios cambian demasiado durante el fin de semana o que las siestas largas coinciden con las noches en las que no consigues dormir.
Además, este registro puede resultar útil si necesitas hablar con un profesional de la salud.
Si quieres llevar todas estas recomendaciones a algo mucho más sencillo, prueba este pequeño reto durante una semana:
Busca descubrir qué hábitos tienen un efecto positivo en tu descanso y cuáles puedes mantener a largo plazo.
También es importante reconocer que no todo problema de sueño se resuelve mejorando la higiene del sueño.
Si duermes suficientes horas y continúas despertando agotado de manera frecuente, tienes somnolencia excesiva durante el día, roncas intensamente, despiertas con sensación de falta de aire o tus dificultades para dormir están afectando tu trabajo, estudios o actividades cotidianas, conviene buscar orientación de un profesional de la salud.
También es recomendable hacerlo cuando los problemas persisten a pesar de haber realizado cambios en tus hábitos.
Detrás de un descanso deficiente pueden existir trastornos del sueño u otras condiciones que necesitan evaluación.
Empieza con tres cambios esta noche
Si duermes pero no descansas, no intentes cambiar quince hábitos al mismo tiempo.
Esta noche puedes comenzar solamente con tres:
Después observa. Dormir mejor no debería convertirse en otra tarea estresante dentro de tu agenda.
Una buena higiene del sueño consiste en construir, poco a poco, condiciones que hagan más fácil descansar. Porque quizá no necesites pasar más tiempo en la cama, tal vez necesitas conseguir que las horas que ya pasas en ella realmente cuenten.

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