Estudiantes del Tec de Monterrey campus Querétaro protagonizan FAME: El Musical
Los alumnos derrocharon energía en una historia donde encontraron una identificación. / Foto: Especial
Los jóvenes artistas llevaron al escenario del Teatro Metropolitano una puesta en escena que trascendió la ficción para convertirse en reflejo de sus propias aspiraciones, miedos y conquistas personales.
Las luces se apagan, el murmullo se disuelve y, por un instante, el tiempo parece contener la respiración. Sobre el escenario, decenas de jóvenes están a punto de contar una historia que no les es ajena, aunque haya nacido en otra época, en otra ciudad, en otra realidad.
FAME: El musical no solo revive la esencia de una generación que soñaba con triunfar en Nueva York; en Querétaro, esos sueños cobran un matiz distinto, más íntimo, más cercano… y quizá más verdadero.
Una puesta en escena a base de mucho esfuerzo y talento
La obra, adaptada por David de Silva a partir de la película de 1980 dirigida por Alan Parker y escrita por Christopher Gore, sigue a un grupo de aspirantes que audicionan para ingresar a la exigente Escuela Superior de Artes Escénicas de Nueva York.
Sin embargo, más allá del argumento, lo que se despliega en escena es un proceso compartido: el descubrimiento de que el talento por sí solo no basta, que el camino hacia el escenario está lleno de decisiones difíciles, disciplina y renuncias personales.
Durante semanas, más de 30 estudiantes del Tecnológico de Monterrey campus Querétaro —provenientes de distintas carreras— ensayaron bajo la dirección de Eduardo Siqueiros, quien encontró en ellos una conexión inmediata con la historia.
Esa afinidad se hizo evidente en cada número, acompañados por una orquesta en vivo que dio cuerpo a una mini temporada de cinco funciones en el Teatro Metropolitano, del 24 al 26 de abril, reuniendo a cerca de dos mil asistentes. La apuesta fue clara: un montaje profesional que exigió entrega total, y que los jóvenes asumieron con determinación.
Luces, sueños y metas plasmados en el escenario. / Foto: Especial
Helmut Huber e Irene Vargas. / Foto: Joaquín M. Lee
FAME refleja la vida de los estudiantes del Tec de Monterrey campus Querétaro
El teatro se transformó entonces en un punto de encuentro donde ficción y realidad se entrelazaron.
“En FAME se refleja la vida de nuestros estudiantes artistas; así como tenemos atletas que ganan torneos, ellos también son de alto rendimiento, en un proceso constante de redescubrirse como artistas y como personas”, compartió Mercedes León, directora LiFE del campus.
Desde las butacas, familias enteras observaban con orgullo, algunas con ramos de flores en mano, como si cada escena fuera también un reconocimiento a las horas de esfuerzo invertidas.
“Estamos muy contentos de verles darlo todo en el escenario”, expresó Pascual Alcocer, director del campus, mientras tras bambalinas los nervios se mezclaban con la certeza de estar listos.
Mercedes León y Tomás Espinoza. / Foto: Joaquín M. Lee
Alberto Herro y Valentina Rodriguez. / Foto: Joaquín M. Lee
Una historia de superación personal
Al final, más allá de los aplausos y de momentos memorables como el intenso opening de 13 minutos o la irónica canción del mismo nombre de la obra (la cual ganó el Oscar en 1980 en la categoría de Mejor Canción), lo que quedó en el aire fue algo más profundo: la confirmación de que estos jóvenes no solo interpretaron una historia sobre perseguir sueños, sino que la vivieron en carne propia.
Porque en cada paso, cada nota y cada mirada, FAME dejó de ser un clásico del teatro musical para convertirse en un espejo donde una nueva generación se atrevió a verse —y a creer en lo que puede llegar a ser.
Integrantes del Colegio Austriaco Mexicano disfrutaron de la obra musical. / Foto: Joaquín M. Lee
Emiliano Castellanos y Valentina Calderón. / Foto: Joaquín M. Lee
Diané Álvarez, Renata Almada y Oskan de la Giroday. / Foto: Joaquín M. Lee
Diana Borja, Ema, Isabela y Gustavo Vite. / Foto: Joaquín M. Lee