Después de las entradas, el plato fuerte y el postre, llega una taza que marca el inicio de la sobremesa.
Aunque hoy es una costumbre casi automática, tomar café al terminar de comer tiene detrás una mezcla de tradición, hábitos sociales y la forma en que hemos construido la experiencia de una comida.
El café como punto final
A diferencia de otras bebidas que acompañan los alimentos, el café suele aparecer cuando los platos ya fueron retirados y funciona como una especie de señal de que la comida principal terminó.
Por eso, en muchos restaurantes la orden de café no significa necesariamente que la reunión esté por terminar. Al contrario, puede ser el momento en que comienza una conversación más tranquila.
El momento de la sobremesa
La costumbre está relacionada con la sobremesa, ese periodo que comienza cuando ya no hay necesidad de seguir comiendo, pero los comensales permanecen alrededor de la mesa.
El café ha formado parte de diferentes tradiciones gastronómicas durante siglos y su consumo después de las comidas se incorporó a distintas culturas de maneras particulares.
¿Por qué se siente como el cierre?
Parte de la respuesta está en que hemos aprendido a asociar determinados momentos con determinadas acciones. Así como el menú puede comenzar con una entrada y terminar con un postre, el café se convirtió en uno de los últimos pasos de la experiencia.
Por eso, pedirlo puede transmitir una sensación de cierre aunque la conversación continúe durante varios minutos.
El café después de comer no es solamente una bebida. También representa un momento de pausa, conversación y convivencia.
Quizá por eso sigue apareciendo en las mesas incluso cuando ya no queda ningún platillo por probar: porque en muchas ocasiones, terminar de comer no significa que sea momento de irse.