

Jon Black, CEO de BlackBot, plantea una respuesta incómoda: no basta con dominar una carrera ni acumular años de experiencia. Será necesario aprender de nuevo, conectar distintas disciplinas, experimentar y fortalecer capacidades que no pueden reducirse fácilmente a datos. / Foto: Especial
La IA puede hacer más tareas y procesar más información, pero creatividad, criterio, experiencia y aprendizaje continuo siguen siendo ventajas humanas
La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana: escribe, programa, analiza datos, crea imágenes y participa en decisiones que antes dependían de equipos completos. La pregunta ya no es si llegará al trabajo, sino cómo prepararnos para conservar valor profesional cuando una máquina puede producir más rápido y a menor costo.
En VSD! Lo Mejor de la Guía de la Ciudad, Jon Black, CEO de BlackBot, plantea una respuesta incómoda: no basta con dominar una carrera ni acumular años de experiencia. Será necesario aprender de nuevo, conectar distintas disciplinas, experimentar y fortalecer capacidades que no pueden reducirse fácilmente a datos.
Sí puede sustituir tareas y modificar puestos completos, especialmente cuando el trabajo es repetitivo, medible y convertible en información. Black señala que incluso las compañías tecnológicas han automatizado parte de la programación con la que desarrollan sus propios productos.
Eso no significa que todos los empleos desaparecerán al mismo tiempo. Significa que las empresas compararán costo, velocidad y calidad, y que una persona necesitará demostrar un valor que vaya más allá de ejecutar instrucciones previsibles.
“Hoy sales a un mundo donde ya no compites solo con humanos.”
Antes, una especialización podía conservar vigencia durante décadas. Hoy, herramientas, modelos de negocio y procesos cambian en meses o incluso semanas. Por eso Black utiliza una imagen provocadora: todos volvimos a tener 15 años.
La experiencia continúa siendo valiosa porque aporta criterio, contexto y capacidad para reconocer patrones. Pero puede jugar en contra cuando se usa para defender métodos que ya dejaron de funcionar. La ventaja no está en saberlo todo, sino en aprender con rapidez sin desperdiciar lo vivido.
La primera es la creatividad, entendida como la capacidad de unir puntos que otros no han conectado y explorar hipótesis que parecen ilógicas. Una máquina calcula respuestas probables a partir de datos; una persona puede cuestionar el problema, cambiar la pregunta e imaginar una salida que todavía no existe.
También importan el criterio, la curiosidad, la iniciativa y la capacidad de comprender sistemas complejos. Para Black, un economista necesita mirar política, medios o salud; un diseñador debe entender problemas humanos, negocio y tecnología. La profundidad ya no consiste en encerrarse en una sola disciplina.
Las dos cosas. Ignorar la tecnología deja a una persona en desventaja, pero limitarse a operar herramientas también es frágil: las plataformas cambian y muchas instrucciones terminan automatizadas.
La preparación más sólida combina alfabetización tecnológica con capacidades humanas difíciles de estandarizar. Es decir:
Black propone unir formación académica y experiencia real. Estudiar y trabajar permite comprobar para qué sirve el conocimiento, detectar problemas concretos y desarrollar criterio. La recomendación no es abandonar la universidad, sino dejar de verla como garantía automática de empleo.
Más que buscar una carrera supuestamente inmune a la IA, conviene observar qué problemas interesa resolver, qué capacidad de experimentación exige el campo y cómo puede combinarse con otras disciplinas. Diseño, creatividad e innovación recuperan valor cuando se entienden como formas de plantear preguntas y construir soluciones.
El acompañamiento puede empezar por sustituir la presión de tener todas las respuestas por la disposición a aprender. También implica acercar a los jóvenes a experiencias laborales, proyectos, laboratorios, emprendimientos y contextos donde puedan tomar decisiones reales.
Black añade una dimensión que suele quedar fuera de la conversación profesional: el equilibrio entre mente, cuerpo y vida espiritual. Su planteamiento no exige una creencia determinada; propone cuidar aquello que permite a una persona sostenerse frente a la incertidumbre y las exigencias del cambio.
Tener agencia significa reconocer que el miedo no obliga a quedarse inmóvil. Una persona puede aprender, cuestionar, crear nuevos modelos de trabajo y participar en debates sobre regulación y responsabilidad empresarial. Las organizaciones, por su parte, pueden estudiar señales y tendencias para prepararse antes de que un escenario las alcance.
BlackBot trabaja precisamente con análisis de futuros: observa información disponible en el presente y construye escenarios posibles. No busca adivinar lo que ocurrirá, sino ayudar a decidir qué riesgos evitar, qué oportunidades aprovechar y qué posición conviene construir.
El episodio no ofrece una fórmula cómoda. La IA puede desplazar tareas y aumentar la desigualdad entre quienes entienden las nuevas herramientas y quienes quedan fuera de ellas. Pero la conclusión no es rendirse: es aprender con humildad, usar la tecnología con criterio y fortalecer la creatividad necesaria para buscar respuestas que todavía no existen.
No existe una lista definitiva de empleos intocables. Tienen mayor capacidad de adaptación los trabajos que exigen criterio, relación humana, responsabilidad, creatividad, conocimiento del contexto y solución de problemas nuevos.
No necesariamente. Sí conviene entender cómo funcionan estas herramientas, qué datos utilizan, cómo verificar sus respuestas y cómo aplicarlas de manera ética en cada profesión.
Aprender a aprender. A partir de ahí, fortalecer criterio, creatividad, comunicación, pensamiento crítico y capacidad para conectar disciplinas.
Sí, pero el título por sí solo no garantiza vigencia profesional. La formación necesita complementarse con experiencia práctica, actualización continua y dominio tecnológico.
Es una disciplina que estudia señales y tendencias presentes para construir escenarios posibles y tomar mejores decisiones. No equivale a adivinar el futuro.
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